miércoles, 4 de febrero de 2009

El viento que te trajo hasta mí.

Las palmeras llevan toda la mañana balanceándose al son del viento, con su ritmo, despeinándose, meciendo las miradas de los transeúntes, de los vecinos, de los mendigos que, arropados con mantas robadas, sucias, pero decentes, piden en la calle una limosna para gastar en un simple litro de vino o cerveza y un mendrugo de pan. Y es que las penas con pan son menos. Siempre.

Las ventanas azotadas por el viento intempestuoso, la ropa que baila al son del sur, dos pinzas que sujetan y llevan el ritmo para que no vuelen, mientras de fondo se oyen canciones que suenan antiguas, con ruido, a disco de vinilo de padres jóvenes, a guateques donde meterse mano, con guitarras poco precisas, un piano desafinado al sol que calienta tus manos mientras tocas...Y será domingo, manoseándo la palabra viernes, desenredando el fin de semana, ese fin de semana que te apetece estar solo en casa, fumando. Porque decides fumar y desaparecer de esta ciudad un par de minutos con cada calada, con cada bocanada de humo que te llena los pulmones de penas negras, de ruido de ciudad...Toda la noche en vela, jugando con la luna llena.

Y te levantarás con la sensación de que el día es largo y aprovechable, con el regusto amargo en la boca y en los ojos de los días que están destinados a ser días vagos, con la sensación de necesitar cientos de mantas que te aprisionen y te hundan en la cama, dando calor y confort a una cama deshabitada, vacía de sentimientos, con música de jazz, de soul, con algunos detalles de cantante y guitarra, de concierto acústico pobre de fondo, mientras tu cuerpo grita, llora y ríe por lo bien que te cuida Lisboa, por lo bien que te sientan los veinte, por cómo sientes que tu cuerpo crece en el interior de una botella llena de arena y piedrecitas, buscando besos en las sábanas de otros apátridas como tú. Pero sonríes, porque Joaquín y Joan Manuel te sonríen como dos pájaros matados de un tiro, porque dos protagonistas se asoman de una estantería, uno con una guitarra colgada, la otra con una bufanda caliente, con un título tan sugerente como Once, como Una vez, como Quizá nunca o Quizá siempre...

Quizá algún día de sol y viento vuelvan a salir las letras de cada uno de tus dedos...Y el cielo se vuelva violeta.

1 comentario:

emigrante dijo...

decir "jazz/soul, lisboa, violeta" es como manar "amor/orgasmo, decadencia, sangre".

te siento de manera rara, como si apresaras el viento en un vientre convexo: ráfagas que azotan las esquinas.