lunes, 8 de junio de 2009

La noche menguante.

Con el despertar de los relojes amanecen los ceniceros llenos de colillas, frías, secas y usadas, impregnando con su olor y sus recuerdos la habitación y mi ropa. Se balancea la hamaca al ritmo del viento y la luz, una hamaca blanca que refulge en el balcón lleno de geranios, mirando a la calle, vacía, llena de luz, mirando a las ventanas, esperando que alguien la use para beberse la tarde.

Mientras tanto tú desapareces y apareces a lo lejos. Dices que vas a llegar a la hora de comer y yo te preparo gazpacho y fruta recién comprada, recién cortada de su rama madre. Llegas tarde, siempre lo haces, igual que te vas sin despedirte, sin hacer aspavientos y yo te espero aunque sé que no me despedirás con un beso...Pero me gusta tu forma de irte, aunque nunca sepa si volverás.

Y nos fumamos la tarde esperando la noche fresca que nos arranque este calor aplastante, soporífero que nos tumba en el suelo leyendo libros robados.

La noche menguante nos acecha y nos revela el secreto de la guitarra del vecino con su rasgueo asesino que nos posee con este frenesí y esta excitación color oscuro. Y en plena explosión de nuestros orgasmos perder el conocimiento y sentir el éxtasis de las drogas.

Por favor, llévame a ver salir el sol desde todos los portales de la luna.

jueves, 7 de mayo de 2009

El Bosque.

A pesar de que siempre tienes la sensación de escribir lo mismo, de usar las mismas palabras, las mismas formas, a pesar de todo eso, hoy sientes diferente. Hoy, la Ciudad que dormita en tus brazos, mecida bajo el lento ronroneo de los árboles que nunca duermen, crea un espectáculo de luces y sonidos que parece casi mágico, con sus licántropos dormidos en cartones, desahuciados de sus cuevas y acompañados únciamente por sus cartones de vino; los duendes rojos, salvajes y borrachos, de cabeza rapada; los magos con sus pipas y hierbas mágicas; los caballeros. Y el Monstruo que habita en ese árbol, en ese armario, en ese cuerpo, ese cuerpo que se transforma y se come un par de ancianas grises, de moños oscuros, zapatillas de paño y corazas metálicas, defensoras de la paz y el orden de la ciudadela. Pero en el fondo de El Bosque, en lo más profundo y oscuro, ahí se encuentra el Caballero Solitario, siervo y cuidador de los Ojos del bosque y de los pequeños sentimientos, esos seres repudiados por la sociedad a la más completa soledad, castigados a no ver más que la noche, a no oir más que el silencio y el llanto quejumbroso de los muertos. Pero el Caballero tiene un arma, la más poderosa de todas. Es una bolsa que guarda en su interior, donde no hay nada, vacía, yerma. Y ahí esconde los sentimientos, se los lleva, los secuestra de la oscuridad, se los roba, se los come y se los guarda muy adentro, en una esquinita de su saquito, en un pliege recóndito donde los deja pelear, que se conozcan, se amen y odien. Y allí permanecerán, a salvo de todo lo ajeno, llenando su silencio de miedo y onomatopeyas.

No los busqueis, son todos míos.

jueves, 30 de abril de 2009

Que no es nada.

Mi pequeña vida, que no es nada; y te das cuenta y es lo peor de todo, que no es nada. Vienes de escuchar la vida más triste del mundo, de una mujer que lucha por su vida, por su matrimonio y su familia, por salir del hoyo, ese hoyo que tu visitas con frecuencia, que has establecido como tu hogar, oscuro, seco, como tú, vacío, como tú, lleno de mierda y odio... Y escribes esto con una sonrisa irónica, escuchando el canto triste y profundo, desgarrado, roto y lleno de dolor de una mujer que perdió a su marido hace veinte años en una plaza de toros, escuchando cómo la guitarra de un cantautor venido a menos llora sus problemas de entonces y ahora, escuchando el adiós de una cantante muerta en vida. Pero ya sabes de qué va esto. Te gusta ser un ente triste. De hecho crees ser la persona más deprimente de toda la Tierra, la más inmunda y la más sucia, rastrera y pisoteable, como una simple haba de un paquete de frutos secos. Sabes que no vas a hacer nada bien, por más que tu intentción sea la mejor. De hecho llegas del lugar más feliz del Mundo(después de Disneyland) abandonando a tus amigos a la luz de los farolillos y las alegres sevillanas.

Nadie para ti. Nadie para mí.

Y es aquí donde un día dijiste que echarías todas tus visceras y toda tu basura, donde vaciarías tus lágrimas que a duras penas corren por tus mejillas. Es aquí donde se queda tu alma seca y consumida por tu egoísmo, ése que te ha hecho estar sólo, como ahora, cubierto de mierda.

Y encima tienes que dar gracias a la puta vida por regalarte salud y una familia que te quiere. Manda cojones. Ni el gran Edgar Allan Poe en sus peores estados de embriaguez habría soltado tanto odio hacia el Mundo en general y hacia sí mismo en particular. Y suelto un ¡Ole! en honor a la feria y a la puta madre que te parió.

lunes, 20 de abril de 2009

Adiós Nada.

¿Recuerdas cuando de pequeños jugábamos a las casitas y nos llamaban mariquitas?¿Recuerdas cuando jugábamos en los montones de arena y hacíamos túneles para jugar con los playmobil? Dime que también recuerdas los gritos de tu madre: "¡Ya te has manchado los pantalones nuevos!". Dime que recuerdas cada segundo de tu vida, cada detalle, cada insulto y cada carcajada. Ven y cuéntame cuántas veces te has tumbado al sol sobre la hierba mojada y has sentido que estabas en completa armonía con todo el Universo. Cuéntame qué sientes al rozarte con la arena de la playa. Dime qué te parece que te acaricien bajo las sábanas y que las hormigas hagan el amor en tu abdomen, cómo puedes explicar una mirada ¿eh? cómo puedes contarte que el calor de las ventanas dora tu cuerpo, que hay una sonrisa entre el gentío que reverbera entre todas las demás, entre todas las mujeres.

Cuéntale al mundo cuántas aves pasan por tu novena ventana, en un segundo o en mil. Dime y dite el número de limones que han salido del azahar que oliste en primavera, la cantidad exacta de notas que han hecho romperte la piel en millones de pedazos. Piensa ahora cuál es tu canción favorita, hazte ese favor, piénsala en este segundo que te dejo y no encontrarás respuesta.

Y no encontrarás respuesta a nada, porque no existe tal respuesta. Nada existe, nada es, y el tiempo pasa por encima de esa nada como una manada de elefantes que cantan y bailan al sol de los trombones. Adiós nada. Nos vemos, tú y yo, mecidos en invierno por la costa catalana. Adiós Nada, que todo lo sabes.

martes, 14 de abril de 2009

Feelin like a shit.

Hoy he hecho un lavado de cara a mi blog, no tengo nada que contar, pero tenía que renovarme, buscar de nuevo la inspiración en donde menos espero. Los dibujos no son míos, ojalá, son de Alfonso Casas Moreno, un chaval que encontré por casualidad viendo dibujos y los suyos me hicieron sentir feliz.

Poco más. Mis días se vuelven aburridos y no encuentro puertas por las que escapar.

Como escribía Jack Nicholson en El Repslandor, en su máquina de escribir: "feelin' fine". Pero a la inversa y pongamos la palabra mierda. He dicho.

miércoles, 18 de marzo de 2009

El silencio es el fin.

Debes parar cuando encuentras la callada por respuesta. Debes parar cuando el silencio se pasea entre tú y yo, cuando el silencio rompe ventanas. Debes dejar de chillar cuando ves que me tapo los oídos, cuando cierro los ojos con fuerza esperando que al abrirlos hayas desaparecido. No debes agarrarme del brazo e intentar retenerme. No debes. No voy a salir corriendo, ni voy a pegarte. No voy a cerrar más la puerta de un portazo. Tu puerta ya no es mi puerta, tu puerta ya no da a mi calle. Cuando oyes los pasos alejándose por el pasillo y no te escuchan, es el final. Cuando has dejado de oirlos, eso es el final.

Quédate con esto, tú que no entiendes. Quédate con mi mirada, con mis ojos rotos, con la arena que traje de la calle pegada en el zapato, con mi camiseta. Con el tabaco que me fumaste, con las canciones que ya nunca jamás escucharé.

¿Y ves esta baldosa? ¿esta línea del suelo? De aquí para allá he sido tú y yo, todo aquello ha sido nuestro. Para acá lo que queda lo camino solo, sin nada más en las manos que mi propio corazón.

Ahí te quedas, compañero.

lunes, 16 de marzo de 2009

Qué bien.

Un pájaro posado en la ventana que no sabe volar, que quiere, pero no puede volar. Un pájaro que se merece un pequeño empujoncito de su madre, ese poco de confianza para que extienda sus alas y vuele. Su madre no está, así que le pegas un pequeño empujón y el pájaro, justo una milésima de segundo antes de caer, te mira y te pregunta por qué lo has matado, con ojos de corderito degollado.

Y el pájaro cae, desde un piso quince, a una velocidad de trece metros por segundo.

Cuando choca contra el suelo y se desparraman sus sesos y sus vísceras, tú te das cuenta que ya estabas muerto antes del piso número nueve.

Tú y tus sentimientos, muertos los dos, echos una pelota y lanzados a una papelera llena de pañuelos de mocos y folios a medio escribir.

Qué bien tu vida. Qué bien.