Mi pequeña vida, que no es nada; y te das cuenta y es lo peor de todo, que no es nada. Vienes de escuchar la vida más triste del mundo, de una mujer que lucha por su vida, por su matrimonio y su familia, por salir del hoyo, ese hoyo que tu visitas con frecuencia, que has establecido como tu hogar, oscuro, seco, como tú, vacío, como tú, lleno de mierda y odio... Y escribes esto con una sonrisa irónica, escuchando el canto triste y profundo, desgarrado, roto y lleno de dolor de una mujer que perdió a su marido hace veinte años en una plaza de toros, escuchando cómo la guitarra de un cantautor venido a menos llora sus problemas de entonces y ahora, escuchando el adiós de una cantante muerta en vida. Pero ya sabes de qué va esto. Te gusta ser un ente triste. De hecho crees ser la persona más deprimente de toda la Tierra, la más inmunda y la más sucia, rastrera y pisoteable, como una simple haba de un paquete de frutos secos. Sabes que no vas a hacer nada bien, por más que tu intentción sea la mejor. De hecho llegas del lugar más feliz del Mundo(después de Disneyland) abandonando a tus amigos a la luz de los farolillos y las alegres sevillanas.
Nadie para ti. Nadie para mí.
Y es aquí donde un día dijiste que echarías todas tus visceras y toda tu basura, donde vaciarías tus lágrimas que a duras penas corren por tus mejillas. Es aquí donde se queda tu alma seca y consumida por tu egoísmo, ése que te ha hecho estar sólo, como ahora, cubierto de mierda.
Y encima tienes que dar gracias a la puta vida por regalarte salud y una familia que te quiere. Manda cojones. Ni el gran Edgar Allan Poe en sus peores estados de embriaguez habría soltado tanto odio hacia el Mundo en general y hacia sí mismo en particular. Y suelto un ¡Ole! en honor a la feria y a la puta madre que te parió.
jueves, 30 de abril de 2009
lunes, 20 de abril de 2009
Adiós Nada.
¿Recuerdas cuando de pequeños jugábamos a las casitas y nos llamaban mariquitas?¿Recuerdas cuando jugábamos en los montones de arena y hacíamos túneles para jugar con los playmobil? Dime que también recuerdas los gritos de tu madre: "¡Ya te has manchado los pantalones nuevos!". Dime que recuerdas cada segundo de tu vida, cada detalle, cada insulto y cada carcajada. Ven y cuéntame cuántas veces te has tumbado al sol sobre la hierba mojada y has sentido que estabas en completa armonía con todo el Universo. Cuéntame qué sientes al rozarte con la arena de la playa. Dime qué te parece que te acaricien bajo las sábanas y que las hormigas hagan el amor en tu abdomen, cómo puedes explicar una mirada ¿eh? cómo puedes contarte que el calor de las ventanas dora tu cuerpo, que hay una sonrisa entre el gentío que reverbera entre todas las demás, entre todas las mujeres.
Cuéntale al mundo cuántas aves pasan por tu novena ventana, en un segundo o en mil. Dime y dite el número de limones que han salido del azahar que oliste en primavera, la cantidad exacta de notas que han hecho romperte la piel en millones de pedazos. Piensa ahora cuál es tu canción favorita, hazte ese favor, piénsala en este segundo que te dejo y no encontrarás respuesta.
Y no encontrarás respuesta a nada, porque no existe tal respuesta. Nada existe, nada es, y el tiempo pasa por encima de esa nada como una manada de elefantes que cantan y bailan al sol de los trombones. Adiós nada. Nos vemos, tú y yo, mecidos en invierno por la costa catalana. Adiós Nada, que todo lo sabes.
Cuéntale al mundo cuántas aves pasan por tu novena ventana, en un segundo o en mil. Dime y dite el número de limones que han salido del azahar que oliste en primavera, la cantidad exacta de notas que han hecho romperte la piel en millones de pedazos. Piensa ahora cuál es tu canción favorita, hazte ese favor, piénsala en este segundo que te dejo y no encontrarás respuesta.
Y no encontrarás respuesta a nada, porque no existe tal respuesta. Nada existe, nada es, y el tiempo pasa por encima de esa nada como una manada de elefantes que cantan y bailan al sol de los trombones. Adiós nada. Nos vemos, tú y yo, mecidos en invierno por la costa catalana. Adiós Nada, que todo lo sabes.
martes, 14 de abril de 2009
Feelin like a shit.
Hoy he hecho un lavado de cara a mi blog, no tengo nada que contar, pero tenía que renovarme, buscar de nuevo la inspiración en donde menos espero. Los dibujos no son míos, ojalá, son de Alfonso Casas Moreno, un chaval que encontré por casualidad viendo dibujos y los suyos me hicieron sentir feliz.
Poco más. Mis días se vuelven aburridos y no encuentro puertas por las que escapar.
Como escribía Jack Nicholson en El Repslandor, en su máquina de escribir: "feelin' fine". Pero a la inversa y pongamos la palabra mierda. He dicho.
Poco más. Mis días se vuelven aburridos y no encuentro puertas por las que escapar.
Como escribía Jack Nicholson en El Repslandor, en su máquina de escribir: "feelin' fine". Pero a la inversa y pongamos la palabra mierda. He dicho.
miércoles, 18 de marzo de 2009
El silencio es el fin.
Debes parar cuando encuentras la callada por respuesta. Debes parar cuando el silencio se pasea entre tú y yo, cuando el silencio rompe ventanas. Debes dejar de chillar cuando ves que me tapo los oídos, cuando cierro los ojos con fuerza esperando que al abrirlos hayas desaparecido. No debes agarrarme del brazo e intentar retenerme. No debes. No voy a salir corriendo, ni voy a pegarte. No voy a cerrar más la puerta de un portazo. Tu puerta ya no es mi puerta, tu puerta ya no da a mi calle. Cuando oyes los pasos alejándose por el pasillo y no te escuchan, es el final. Cuando has dejado de oirlos, eso es el final.
Quédate con esto, tú que no entiendes. Quédate con mi mirada, con mis ojos rotos, con la arena que traje de la calle pegada en el zapato, con mi camiseta. Con el tabaco que me fumaste, con las canciones que ya nunca jamás escucharé.
¿Y ves esta baldosa? ¿esta línea del suelo? De aquí para allá he sido tú y yo, todo aquello ha sido nuestro. Para acá lo que queda lo camino solo, sin nada más en las manos que mi propio corazón.
Ahí te quedas, compañero.
Quédate con esto, tú que no entiendes. Quédate con mi mirada, con mis ojos rotos, con la arena que traje de la calle pegada en el zapato, con mi camiseta. Con el tabaco que me fumaste, con las canciones que ya nunca jamás escucharé.
¿Y ves esta baldosa? ¿esta línea del suelo? De aquí para allá he sido tú y yo, todo aquello ha sido nuestro. Para acá lo que queda lo camino solo, sin nada más en las manos que mi propio corazón.
Ahí te quedas, compañero.
lunes, 16 de marzo de 2009
Qué bien.
Un pájaro posado en la ventana que no sabe volar, que quiere, pero no puede volar. Un pájaro que se merece un pequeño empujoncito de su madre, ese poco de confianza para que extienda sus alas y vuele. Su madre no está, así que le pegas un pequeño empujón y el pájaro, justo una milésima de segundo antes de caer, te mira y te pregunta por qué lo has matado, con ojos de corderito degollado.
Y el pájaro cae, desde un piso quince, a una velocidad de trece metros por segundo.
Cuando choca contra el suelo y se desparraman sus sesos y sus vísceras, tú te das cuenta que ya estabas muerto antes del piso número nueve.
Tú y tus sentimientos, muertos los dos, echos una pelota y lanzados a una papelera llena de pañuelos de mocos y folios a medio escribir.
Qué bien tu vida. Qué bien.
Y el pájaro cae, desde un piso quince, a una velocidad de trece metros por segundo.
Cuando choca contra el suelo y se desparraman sus sesos y sus vísceras, tú te das cuenta que ya estabas muerto antes del piso número nueve.
Tú y tus sentimientos, muertos los dos, echos una pelota y lanzados a una papelera llena de pañuelos de mocos y folios a medio escribir.
Qué bien tu vida. Qué bien.
viernes, 20 de febrero de 2009
Escombros bajo los escombros.

Una cámara de vídeo graba un verano, una playa, un niño con cubo y pala que hace un castillo de arena y lo destruye porque no le gusta, porque le ha salido deforme, débil, sin contrafuertes que resistan el oleaje, sin una fosa que se defienda del enemigo más temido, el cangrejo y el agua. Ni un mal cocodrilo que se coma los intrusos que osan destruir su fortaleza. Un castillo de arena en medio de la nada que acaba pisoteado por un ser superior en tamaño y fuerza.
A muchos kilómetros físicos, un niño destruye un muro, con un cubo y una pala, un muro de cemento, de hormigón armado de hierro y piedras. Más allá no sabe lo que hay y es eso lo que le hace seguir adelante en su tarea, lo que le anima a continuar en su ardua labor de destructor de un muro que apareció de la nada y le separó de su familia, de sus amigos de otro país, de otra cultura. Y continúa destruyendo, de a poco, pero lo intenta, con ganas, primero un poquito, luego un gran hueco que le enseña un cielo azul, con nubes blancas, con pájaros diferentes a los que se ven desde su casa, desde la sombra de una palmera.
Y se oye en el telediario, en la radio. Se lee en toda la prensa. Un niño destruye el muro que separa su vida de infante de su vida de adulto. Un muro inexistente para la mayor parte del Mundo pero más que visible para los pueblos que viven a uno y otro lado. A través de dicho muro se puede oir a la gente llorando, de felicidad quiere suponer nuestro pequeño amigo, y se crece por dentro: está cambiando el mundo, la tierra que pisa, simplemente por andar jugando con sus materiales de niño pequeño e inocente.
Pero se oye un gran estruendo y nadie dice nada, y nadie llora y nadie grita. Una bomba sepulta los escombros de otra bomba que produjo más escombros. Y nuestro pequeño amigo desaparece. Su muro desaparece. Su hueco en el muro desaparece. Su vida...¿qué decir de su vida? Pues eso, que desaparece. Para siempre.
Y solo queda el recuerdo de un niño jugando en la playa con un cubo y una pala que, grabado por una cámara de vídeo varios años atrás, produce ternura y emoción.
Nuestro niño se ha hecho mayor. Qué bien. Qué suerte.
miércoles, 4 de febrero de 2009
La noche.
Hay días que pasan, sin más ni menos, días que no echas cuenta cómo han pasado las horas, días en los que duermes sin más mientras caminas y mientras te mueves como un autómata. Y hoy era un día de esos, un día de los de nada. Pero ha habido un problema: hoy la ciudad se ha llenado de negro, de oscuridad, hoy la Noche ha alcanzado al Sol, al astro Rey, lo ha secuestrado para sí y lo ha escondido para que nadie pueda verlo. Hoy se ha inundado todo del negro.
La Señora de la noche ataca con agua, con viento, con caos, desconcierto y atascos a la ciudad. Al ruido le ha nombrado Señor de la Guerra, Comandante en Jefe de su lucha por la posesión de las horas y éste ataca indiscriminadamente contra todo el mundo, con ambulancias que rompen el silencio de la noche, con bebés que lloran y maman por joder, con la rebelión y lucha encarnizada de todo los cuadrúpedos, el levantamiento de los reptiles, llegando a tomar por completo edificios, camas y pensamientos, miradas y roces.
Hoy la Señora de la Noche, de la Oscuridad, ha dado un escarmiento a todos aquellos que osaron reirse de ella y maldecirla.
Bien hallada.
La Señora de la noche ataca con agua, con viento, con caos, desconcierto y atascos a la ciudad. Al ruido le ha nombrado Señor de la Guerra, Comandante en Jefe de su lucha por la posesión de las horas y éste ataca indiscriminadamente contra todo el mundo, con ambulancias que rompen el silencio de la noche, con bebés que lloran y maman por joder, con la rebelión y lucha encarnizada de todo los cuadrúpedos, el levantamiento de los reptiles, llegando a tomar por completo edificios, camas y pensamientos, miradas y roces.
Hoy la Señora de la Noche, de la Oscuridad, ha dado un escarmiento a todos aquellos que osaron reirse de ella y maldecirla.
Bien hallada.
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